Pata de guanaco, tabaco del diablo, malva de cerro, oreganillo, coirón y chilca son algunas de las 25 plantas nativas de la zona central de Chile, usadas para comprobar si pueden resistir mejor que una especie exótica, los efectos de una megasequía. ¿El laboratorio? un singular jardín diseñado y mantenido por la Junta de Vecinos N°12 del barrio Pedro de Valdivia Norte.

Concebido como un experimento socio-ecológico, el proyecto Vereda Nativa fue una de las 36 iniciativas financiadas por el Concurso de Proyectos del Programa de Ciencia Pública 2020 del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. El proyecto se transformó en un catalizador para involucrar a las vecinas y vecinos del barrio en una experiencia comunitaria que, además de acercarlos a la flora nativa de la zona central, les permitió conocer mejor su entorno, generar lazos y reconstruir la historia del lugar.  

El ahorro de agua y el impacto del uso de especies nativas en el diseño del paisaje urbano son los ejes centrales de esta iniciativa, que a través de una unidad demostrativa de 152 mt2 en una vereda, está comparando el consumo de agua del pasto chépica que antes cubría la zona, versus la demanda hídrica de las especies nativas plantadas en su reemplazo. También cuantificarán la sobrevivencia de la flora plantada, para determinar su potencial uso en el paisaje urbano; y compararán la presencia de aves e insectos.

“Este proyecto de la Junta de Vecinos reúne la esencia de lo que busca el programa Ciencia Pública, que es co-crear conocimiento con nuevas audiencias de la sociedad. Además, el equipo busca nueva vegetación para las veredas de la comuna de Providencia, a través de plantas nativas, con menores requerimientos hídricos. Es una iniciativa participativa y a la vez, sustentable”, destaca la directora de Ciencia Pública, Luz Valeria Oppliger.

El director del proyecto y presidente de la organización vecinal, Cristóbal Barros, explica que parten de la premisa que existe una falla de diseño en el paisaje urbano, porque “el entorno fue modificándose con políticas erradas que se debieron a la plantación de especies de rápido crecimiento y por una falta de conciencia ambiental”.

Por su parte, Joaquín Cerda, arquitecto con especialidad en paisajismo e integrante del equipo ejecutor del proyecto, explica que bajo los cánones europeos y norteamericanos se trajeron desde el viejo continente especies foráneas que modificaron la flora de la cuenca del río Mapocho y las laderas del cerro San Cristóbal, lo que amenazó paulatinamente el espacio público y la biodiversidad originaria. 

“Antiguamente la chacra aledaña al río Mapocho contenía especies del bosque esclerófilo que se suprimieron en el tiempo, integrando otros elementos que imitaban a los jardines ingleses o parisinos”, comenta el arquitecto.

Esta iniciativa cuenta entre sus socios estratégicos al Colegio de Cirujano Dentistas, que facilitó bodegas y el agua para el riego; a la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la PUC; que ha convocado a estudiantes a participar en la fase de monitoreo; y la Municipalidad de Providencia, que otorgó el uso del espacio público.

Si bien el proyecto termina formalmente en noviembre, ya es posible conocer esta vereda nativa al costado del Colegio de Cirujano Dentistas (a la altura de Av. Santa María 1990). 

Diálogos ciudadanos

Al sumarse al proyecto, poco a poco el grupo de vecinos fue generando una mirada integral del paisaje humano y natural. Y en eso, la estrategia de participación barrial fue clave. Los gestores del proyecto invitaron a residentes y a personas ajenas al sector a reflexionar sobre la identidad del barrio y la manera en que “Vereda Nativa” podía incidir en un cambio socioambiental. 

Así, mediante “diálogos ciudadanos”, fue tomando forma este proyecto comunitario que entremezcla relatos de memoria emotiva, experiencias de vida en el barrio, flora, fauna y urbanismo paisajista.

El trabajo identitario e historiográfico permitió valorar el saber ciudadano a partir de la experiencia concreta de sus habitantes. “Historias de Barrio”, se transformó en un necesario espacio semanal de conversación por Zoom, para compartir vivencias. “Los diálogos de saberes fueron abriendo caminos de participación y conocimiento científico de las especies entre los participantes, hubo un necesario cambio de narrativa donde la memoria y la propuesta de archivos fotográficos fue fundamental para este proyecto. Fue una excusa perfecta para encontrarse”, recalca el director del proyecto. 

“Pájaros desde mi jardín”, “Supermercado Diez’ y “Mis árboles favoritos» fueron otras actividades relevantes. Paralelamente, la recolección y curatoría de “Fotos del barrio”, permitió recopilar imágenes donde se muestran evidencias históricas en arquitectura, urbanismo y personajes que han marcado el desarrollo de este sector. Una selección de 12 fotografías darán vida a un calendario 2022 para el barrio.

Un poco de historia

El entorno de Pedro de Valdivia Norte surge a fines de la década de los años 50 como resultado de una intervención urbana en un relleno del lecho del río Mapocho. A través de la alteración de la cuenca; el paulatino crecimiento de la plantación de árboles en el cerro San Cristóbal; el nuevo uso de la Casona Lo Contador, actual Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica, la construcción de nuevas viviendas y la pavimentación del denominado “Barrio-Parque”.

Así la ciudad de Santiago se densifica y la comuna de Providencia se va transformando en un espacio residencial donde convive el paisaje urbano e importantes especies ornamentales foráneas. 

Para saber más

Menú